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SOCIEDAD

Fiestas Patrias lejos de Chile
Así celebran cuatro angelinos al otro lado del mundo

Como si se encendiera un interruptor masivo, el primero de septiembre, en Chile, automáticamente comienzan a sonar las cuecas y la decoración tricolor se toma las calles, las casas y los comercios. Pareciera que todos andan con la cabeza puesta en las ramadas, en las compras que hay que hacer, en quién invita a quién. El modo dieciochero dura semanas y se extiende a veces hasta el 21, día en que llega la primavera oficialmente y recién ahí el país, cambia el switch y vuelve a la rutina.

Ese ánimo colectivo tan propio de los chilenos, es lo primero que se extraña cuando se está en el extranjero. Por eso quisimos hablar con angelinos que hoy viven a miles de kilómetros y preguntarles cómo se las arreglan para que ese interruptor siga prendiéndose, aunque sea a la distancia.

Javiera Torres lleva las Fiestas Patrias hasta el colegio de sus hijos en Polonia y hace que ellos, y otros niños, conozcan Chile a través de sus comidas y tradiciones. Andrea Álvarez busca empanadas, mote con huesillos y un lugar donde bailar cueca en Vancouver. En Toronto, Francisco Muñoz prepara el pastel de choclo que aprendió a cocinar con su mamá y reúne a sus amigos en una mesa donde también aparecen platos de otros países. Y en Vietnam, Carlos Araneda abrirá las puertas de su casa para celebrar por primera vez el “18” junto a otros compatriotas.

Cuatro historias distintas, pero una misma necesidad de mantener las tradiciones que los conectan con su tierra.

Javiera Torres Garrido, 40 años, Kielce, Polonia

Ingeniera de profesión, hace siete años dejó de ejercer para dedicarse por completo a su familia. Javiera emigró de Los Ángeles en 2019 junto a su marido, un polaco con proyectos de trabajo en Alemania. La pareja vivió un tiempo allá y en 2021 se instaló definitivamente en Kielce, Polonia, donde hoy cría a sus dos hijos, un niño y una niña chileno-polacos, quienes nunca han pasado un 18 de septiembre en Chile.

En su casa las Fiestas Patrias se celebran con pajaritos, la receta que le enseñó su mamá y que sus hijos adoran, con empanadas y con pollona, el plato típico de Los Ángeles que trata de recrear con lo que consigue en Europa. No siempre es fácil. La carne allá tiene otro sabor, comenta, y conseguir un maíz parecido al chileno para el pastel de choclo es casi imposible. Ya lo intentó una vez y le quedó tan dulce que nadie logró comerlo.

Lo que más le pesa es no poder armar la ramada que hacía su mamá, esa donde se juntaban primos, tíos y hermanos a bailar cueca y comer durante horas. En Polonia el día nacional se vive como un feriado tranquilo, para descansar, muy lejos del despliegue chileno. Por eso hace años tomó una decisión, su propia forma de celebrar, cada septiembre lleva un pedacito de Chile al colegio de sus hijos, donde les habla de nuestras regiones, comidas y tradiciones. La primera vez que puso el himno nacional frente a esa sala llena de niños polacos se le llenaron los ojos de lágrimas, una mezcla de nostalgia por la distancia y orgullo por mostrarles su cultura.

Si pudiera volver a Los Ángeles este “18”, lo primero que haría sería comerse un asado y empanadas de verdad, esas que dice que allá jamás logra igualar.

Andrea Álvarez Flores, 28 años, Burnaby, Canadá

Andrea es psicóloga y trabaja como youth worker en una casa de acogida para adolescentes en situación de vulnerabilidad, en Burnaby, una ciudad que pertenece al gran Vancouver, provincia de British Columbia, Canadá. Se fue de Los Ángeles hace dos años y medio y este año vivirá su tercer “18” fuera del país, siempre junto a su pololo, con quien ya tiene una rutina armada.

Para celebrar Fiestas Patrias, pasa por la Panadería Latina de Vancouver a comprar empanadas de horno y un mote con huesillos, vuelve a su departamento y arma un almuerzo dieciochero con ensalada a la chilena. En esos días se junta con un grupo de chilenas que llevan diez años organizando una fonda a la que llegan más de doscientos compatriotas, con juegos típicos, dj y baile hasta tarde. En algún punto de la semana, entre medio de todo, hacen un asado en el balcón de su departamento.

También cuenta que uno de los productos que la conectan con Chile, es el merkén, que nunca ha faltado en su mesa, gracias a que su pololo se hizo fan, y el pebre o el chancho en piedra son sus imprescindibles para acompañar los choripanes. Lo que extraña en estas fechas son los pajaritos, que nunca se ha animado a preparar, y el terremoto, porque no hay pipeño ni helado de piña fácil de encontrar. Sin embargo, cuenta que en las fondas siempre aparece alguien vendiendo una versión con helado de piña natural y vino blanco, que Andrea reconoce que no es lo mismo pero “algo es algo” dice con humor.

Lo que más extraña es celebrar con amigos y ver la decoración dieciochera en cada esquina, las cuecas sonando hasta en el supermercado y, por qué no decirlo, el aguinaldo, comenta entre risas. En Canadá el día nacional se celebra el primero de julio y para ella es, en sus palabras, “un día más, bastante fome y sin plata extra”. “Si volviera a Los Ángeles este 18, lo primero que haría sería comerme una empanada, un pajarito y un terremoto, y después salir a caminar solo para sentir el ambiente y escuchar cueca en la calle”.

Francisco Muñoz Cabezas, 41 años, Toronto, Canadá

Francisco llegó a Toronto en agosto de 2017 casi de casualidad. Había planeado un año sabático recorriendo Europa y Asia, pero unos días de vacaciones en la ciudad canadiense le cambiaron los planes y terminó quedándose. Ingeniero comercial con varios postgrados en marketing y negocios internacionales, hoy tiene 41 años y arma su “18” con un grupo de amigos tan diverso como la ciudad en la que vive. Este año además está a punto de ser papá por primera vez, así que estas Fiestas Patrias las va a celebrar con una razón nueva para brindar.

Como Toronto es una ciudad exigente y generalmente toca trabajar en estas fechas, la celebración se adapta a lo que se puede, comenta. Cuando alcanza a juntarse con sus amistades, organizan un potluck, bien a la canadiense, que es una reunión donde cada uno lleva un plato distinto. Amigos brasileños aportan feijoada, japoneses traen sushi, italianos llegan con cortes de carne, y en medio de esa mezcla de banderas, Chile sigue siendo el motivo de la fiesta.

“Gracias a mi mamá soy un apasionado por la cocina. Desde pequeños, ella nos regaloneaba a mis hermanos y a mí con empanadas, pastel de choclo y muchas otras comidas tradicionales”. Por esto, hoy puede intentar replicar lo que ella hacía y, sobre todo, compartir sus platos típicos con su familia y amigos. “Toronto es una ciudad tan multicultural, existe mucha curiosidad y respeto por las tradiciones de otros países” comenta.

Lo que más extraña de Fiestas Patrias son los volantines de la mañana, la gente vestida de huaso en la calle, las ramadas de Socabio y dos sabores muy específicos de Los Ángeles, los dulces de la Panadería San Diego y las empanadas de la Panadería Santa María, que para él siguen siendo incomparables. “Si pudiera volver este ‘18’, empezaría el día con café y esos dulces, seguiría con esas empanadas y luego el asado familiar, pasaría por Socabio a bailar un par de pies de cueca y terminaría la noche en alguna casa entre amigos, conversando hasta que el cuerpo aguante”.

Carlos Araneda Pezoa, 25 años, Da Nang, Vietnam

Carlos es ingeniero civil informático y hoy trabaja en operaciones para una startup y vive en Da Nang, Vietnam. Salió de Los Ángeles en 2019 para estudiar y dejó Chile recién el año pasado, en marzo de 2025, para hacer una pasantía en Singapur.

Este será su primer “18” celebrado en el extranjero. El año anterior, cuando todavía vivía en Ho Chi Minh, buscó actividades chilenas por todos lados, en redes sociales, en la embajada, y lo único que encontró fue una fonda que se canceló por falta de convocatoria.

Ahora en Da Nang ya tiene una comunidad de chilenos, a la que se suman argentinos y españoles, por lo que este año espera celebrar en su casa, con cuecas, empanadas, sopaipillas, completos y choripán. Además cuenta que hace poco se enteró de una compatriota que hace pastel de choclo, así es que cree que podrá degustar ese plato típico en el menú dieciochero.

“Yo me alimento con comida vietnamita hoy día, no reemplazo mucho, pero de vez en cuando nos juntamos a hacer comida chilena”, cuenta Carlos, y confiesa que entre sus tesoros está el merkén y una botella de ají pebre que llevó la mamá de un amigo.

Si pudiera volver a Los Ángeles a celebrar Fiestas Patrias, dice que se iría directo al campo en el sector Santa Clara de Los Ángeles, a competir en la carrera de sacos, algo que hacía de niño y que todavía lo hace sonreír solo con recordarlo.