GENERACIÓN SÁNDWICH
Entre los hijos y los padres
Cada vez más personas se encuentran acompañando a hijos que construyen su futuro y a padres que comienzan a necesitar apoyo. Una realidad que forma parte de la vida de muchas familias y que hoy tiene nombre propio.

Son las siete y media de la mañana y el café todavía está caliente sobre la mesa. Antes de salir de casa, revisas el teléfono. Hay un mensaje de tu hijo contándote que tiene una inquietud. Más abajo aparece otro de tu madre, que no recuerda a qué hora tiene un examen médico. El día recién comienza y ya hay dos personas esperando una respuesta.
Tal vez esta escena te resulte familiar, quizás ocurre en tu propia casa o la ves reflejada en un hermano, una amiga, un compañero de trabajo o algún vecino. Lo cierto es que cada vez más personas atraviesan una etapa de la vida en la que las preocupaciones parecen ir en dos direcciones al mismo tiempo.
Por un lado están los hijos, que siguen necesitando apoyo para estudiar, comenzar a trabajar, independizarse o enfrentar los desafíos de la vida, cada vez más exigente y competitiva. Por otro, están los padres, que con el paso de los años requieren compañía para asistir a una consulta médica, ayuda para resolver trámites o simplemente alguien que esté presente cuando las fuerzas ya no son las mismas.
Y en medio de ambos estás tú; cuando alguien necesita un consejo, resolver un problema inesperado o tomar una decisión importante. Estás tú respondiendo mensajes, organizando horarios, recordando fechas y tratando de que todo funcione.
Muchas veces eres la primera persona a la que llaman cuando surge una dificultad. La que sabe dónde están los documentos importantes, la que recuerda los cumpleaños familiares, la que consigue una hora médica o la que encuentra una solución cuando parece que no la hay.
Y probablemente no piensas demasiado en ello, porque no te consideras un cuidador ni sientes que estés haciendo algo extraordinario; simplemente haces lo que crees que corresponde. Acompañas, organizas, resuelves y sigues adelante; algunas veces con energía, otras con cansancio, pero sigues.
Pero hubo un tiempo en que eras tú quien llamaba para pedir ayuda y buscaba consejo frente a una decisión importante o acudía a sus padres cuando algo no salía como esperaba. Sin embargo, los años van moviendo los lugares que ocupamos en la vida.
Un día tus hijos comienzan a construir su propio camino y tus padres empiezan a caminar más despacio, entonces aparecen situaciones que antes parecían lejanas. De pronto, quienes durante años te cuidaron son quienes necesitan apoyo, y aunque forma parte natural de la vida, no deja de ser un cambio difícil de asumir.
Porque nadie te prepara para ver envejecer a tus padres, ni te enseña cómo enfrentar ese momento en que descubres que las personas que parecían capaces de resolver cualquier problema también necesitan ayuda. Que quienes te enseñaron a andar en bicicleta, te acompañaron al colegio o te esperaron despiertos hasta escuchar la llave en la puerta ya no tienen la misma energía de antes.
Al mismo tiempo, tus hijos siguen avanzando, enfrentan sus propios desafíos, toman decisiones importantes y construyen sus proyectos de vida. Aunque ya no sean niños, siguen necesitando orientación, apoyo y esa tranquilidad que entrega saber que alguien estará ahí cuando las cosas se compliquen.
Hasta hace algunos años esta realidad no tuvo nombre para quienes la vivían, era simplemente parte de la vida familiar, pero con el tiempo surgió un concepto para describir a quienes se encuentran entre dos generaciones que requieren atención y apoyo, denominada la “Generación Sándwich”.
Un nombre curioso para una realidad que viven miles de personas todos los días, y en Chile, este fenómeno no es aislado. Distintos estudios recientes han mostrado que el cuidado se ha convertido en una tarea cada vez más presente dentro de los hogares. Según datos del Observatorio Social del Ministerio de Desarrollo Social, el número de personas mayores que viven solas o requieren apoyo ha aumentado de forma sostenida en las últimas décadas, lo que ha transformado la manera en que las familias se organizan en torno al cuidado.
A nivel nacional, se estima que más de medio millón de personas cumple labores de cuidado informal en el país, muchas veces sin remuneración ni reconocimiento. De ellas, una gran parte lo hace mientras trabaja y mientras también apoya a sus propios hijos o nietos. Es decir, la generación sándwich no es una excepción, sino una realidad cada vez más extendida.
Por esto, no está de más recordar que detrás de quien corre de una reunión a una consulta médica, de una actividad escolar a una visita familiar, hay alguien intentando equilibrar afectos, responsabilidades y expectativas. Son esas personas que están ahí, cuando más importa.
