ACADEMIA DE AJEDREZ LOS ÁNGELES
El semillero que proyecta nuevos talentos
Por Soledad Durán B.

Estábamos en un café frente a la Plaza de Armas, en una tarde cualquiera, cuando de pronto, de manera ordenada y sin mucho ruido, un grupo de jóvenes llegó, movió mesas, sacó tableros y relojes digitales, y en solo minutos armó una pequeña partida de ajedrez.
En breve estaban concentrados, sin levantar la mirada y analizando los movimientos de sus piezas. ¿Quiénes son y de dónde vienen?, nos preguntamos de inmediato. Así conocimos a la Academia de Ajedrez Los Ángeles, un proyecto que lleva años formando jugadores, pero sobre todo personas, bajo la guía de los profesores Cristian Estrada y Armando Troncoso.
Trabajador social de profesión, Armando cuenta que su historia con el ajedrez comenzó en México, donde creció en un entorno en que este juego es parte de la cultura. Desde niño lo practicó, lo estudió y hoy lo enseña. En Los Ángeles encontró un espacio para transmitir ese conocimiento y adaptarlo a una realidad local que ha respondido con creciente interés.
La academia tiene su origen en el trabajo que el profesor Estrada comenzó hace más de 16 años en la educación municipal. A partir de ahí, y tomando como base un club que ya existía, el proyecto fue tomando forma hasta consolidarse como un espacio enfocado en la enseñanza, con participación activa de familias y una estructura más formal.

Actualmente reciben alumnos desde los cinco años en adelante. No hay un perfil único. Cada niño avanza distinto, aprende a su ritmo y, muchas veces, rompe cualquier lógica previa. No es raro que un menor termine ganándole a un adulto en una partida, lo que deja en evidencia que aquí el aprendizaje no depende de la edad, sino del proceso. Y se nota.
Según sus profesores, los cambios van más allá del juego. “Los niños desarrollan confianza, aprenden a tomar decisiones y enfrentan los errores desde otro lugar. Se detienen a pensar antes de actuar, algo que luego trasladan a su vida diaria”, explica Armando Troncoso.
En esa línea, el trabajo de la academia también incorpora un componente social importante. Armando cuenta que ha visto de cerca cómo el ajedrez puede influir en la autoestima de los niños, especialmente en contextos más complejos. El avance, aunque sea pequeño, tiene impacto. Y cuando ese avance se reconoce, el cambio es aún mayor.
Las clases combinan formación técnica con espacios de encuentro, generando instancias recreativas, participación de las familias y un ambiente que busca integrar. Padres y madres se involucran activamente, “y eso es algo que agradecemos. Nuestros apoderados son parte de las actividades y torneos, con mucho compromiso y entusiasmo” comenta Troncoso.
La academia ha participado en torneos nacionales e internacionales, con alumnos que han conseguido medallas y otros que ya se proyectan con fuerza. Es el caso de Elsa Bravo y su hermano Pedro, quienes han destacado a nivel país, enfrentándose incluso a jugadores adultos en competencias locales y regionales.
Pero más allá de los logros, el profesor destaca que “no es solo competir, también es convivir”. Eso se percibe en el respeto presente en cada partida. Un saludo al inicio, otro al final. Una regla simple que se mantiene y que marca la forma en que se entiende este juego.

Como muchas disciplinas formativas, el camino no ha estado exento de dificultades, y el ajedrez ha tenido que abrirse espacio y demostrar su valor. Sin embargo, el apoyo de instituciones, junto al trabajo constante de la academia, ha permitido que sus clases y torneos se desarrollen en el Centro Cultural Municipal de Los Ángeles, espacio que se ha transformado en su principal punto de encuentro. A esto se suma el apoyo de privados, tal como destaca Armando Troncoso, hay lugares que “se la han jugado por el ajedrez local”, como Bisontes Restobar y Café 82, donde no solo han realizado torneos, sino que también se ha ido generando un circuito que permite seguir acercando esta disciplina a la comunidad.
El objetivo ahora es seguir creciendo, abrir más grupos, llegar a más niños y fortalecer un semillero que ya está dando resultados. La meta no es menor. Formar jugadores que puedan representar a Los Ángeles a nivel nacional y, en el tiempo, aspirar a títulos mayores.
Mientras tanto, la escena que vimos ese día se sigue repitiendo. Mesas que se juntan en algún punto de la ciudad, piezas que se ordenan y partidas que comienzan. En medio de todo, un grupo de niños, jóvenes y adultos demuestran que el ajedrez está más vivo de lo que parece.
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