Una Revista Con Identidad Local

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Francine Ellena
EL ARTE DE VESTIR NOVIAS

Por Soledad Durán B. Fotografías: Pablo Salas C.
Maquillaje: Claudia Guzmán Peinado: Viviana Canario V.
Agradecimientos Locación: Haras Santa Amelia

Su nombre es Francine. Ellena es su apellido. Lo aclara entre risas, porque todavía hay quienes la llaman Ellena, probablemente porque después de tantos años dedicada a su tienda de vestidos de novia y de fiesta terminó convirtiéndose también en una marca. Detrás de ese nombre hay una mujer que observa, pregunta, escucha y, sobre todo, dedica tiempo a asesorar.

Tres horas puede pasar con una novia sin mirar el reloj. No es una exageración. Le interesa saber qué está imaginando, cómo quiere verse, qué cosas no se pondría jamás y cuáles estaría dispuesta a probar. Después vienen los vestidos, los espejos, las vueltas frente a ellos y esa parte del trabajo que no aparece en una vitrina, pero que para ella resulta decisiva. Encontrar ese vestido que haga que una mujer se mire y diga, casi sorprendida, “este era”.

Le ha pasado muchas veces. Una clienta se prueba algo que inicialmente había descartado y termina diciéndole “tenías razón”. Otra vuelve para contarle que el vestido que ella eligió terminó siendo el que más le gustó. Son momentos que se repiten después de años de oficio y que todavía disfruta. “Es como un desafío encontrar el vestido que a ella le llene. La haga sonreír. La haga sentirse como ella quiere verse”, explica.

Antes de tener una tienda, una marca y representaciones de firmas internacionales, hubo un taller de modas en Temuco. Era el de su madre y fue allí donde creció familiarizada con telas, máquinas de coser y vestidos. De niña diseñaba ropa para sus muñecas y las operarias la confeccionaban. También veía a su madre hacerse sus propios vestidos y después aparecer con una versión pequeña para ella.

La moda estaba ahí, pero no fue el camino que siguió al salir del colegio. Estudió Tecnología Médica en la Universidad de La Frontera y, mientras desarrollaba su carrera, fue adquiriendo experiencia en un rubro que años después sería fundamental para su negocio. Trabajó en ventas dentro del área de insumos y equipamiento para laboratorios y realizó un diplomado en Dirección Comercial y Ventas en la Universidad del Desarrollo.

Cuando llegó a Los Ángeles, la idea de emprender en el mundo del vestuario seguía dando vueltas. Empezó a desarrollar el negocio de manera gradual, primero con ropa y después con vestidos de fiesta. Las clientas comenzaron a llegar, la recomendación fue haciendo lo suyo y en 2016 abrió su primera tienda en avenida Gabriela Mistral, donde permanece hasta hoy. Desde ahí la historia tomó velocidad.

Los vestidos de novia aparecieron por petición de sus propios clientes que comenzaron a pedirle modelos para sus matrimonios y poco a poco ese segmento fue creciendo hasta convertirse en uno de los sellos de la tienda. También creció su ambición empresarial. Quería representar marcas exclusivas y terminó consiguiendo firmas internacionales de la categoría de Pronovias y Vera Wang.

La expansión la llevó a Concepción, al sector Andalué en San Pedro de la Paz y luego a Santiago. La tienda de Alonso de Córdoba funcionó durante cinco años y cerró este año. Fue una decisión meditada, entre otras razones porque todavía tenía compromisos con novias que habían comprado sus vestidos, pero también fue una forma de poner un límite a un ritmo que se había vuelto muy demandante. Hoy mantiene sus tiendas de Los Ángeles y Concepción y vuelve a moverse entre ambas ciudades.

El vestido se termina de encontrar frente al espejo

Francine confiesa que la atención es una de las partes del negocio que más disfruta. Las citas son individuales y una novia puede estar acompañada, sin compartir ese momento con otras clientas. Se prueba, se mira desde distintos ángulos, vuelve a probarse y conversa.

El taller está ahí mismo. Eso permite ajustar un vestido, modificarlo, crear un velo, una capa, unas mangas o una chaqueta. También posibilita trabajar sobre algo que para ella resulta esencial, y es “que la prenda encuentre su lugar en un cuerpo determinado. Una espalda no es igual a otra, tampoco un busto, una sisa o un largo” explica.

“No basta con que el vestido sea bonito o que tenga una buena marca detrás. Tiene que funcionar para la mujer que está dentro de él” enfatiza.

Por sus tiendas han pasado cientos de novias. Muchas de ellas aparecen ahora en fotografías que poco a poco van ocupando las paredes del local. Cada imagen recuerda una historia y también una relación que empezó mucho antes de la ceremonia, cuando todavía había que decidir qué vestido sería el indicado.

En esa búsqueda hay espacio para mujeres muy distintas. Una de las decisiones que tomó fue trabajar con tallas desde XS hasta la 3XL, equivalente a una 58 americana, tanto en novia como en fiesta. Detectó que existía una necesidad que buena parte de las tiendas no estaba cubriendo y quiso incorporarla a su propuesta.

Los Ángeles, tiene un sentido especial para Francine, es la ciudad donde nació la tienda, donde crecieron sus hijos y donde decidió permanecer incluso cuando Santiago ofrecía un mercado mayor. Podría haber concentrado allí su negocio, pero sus niños están arraigados aquí y esa vida familiar pesa en sus decisiones. Dice que le gusta la tranquilidad de la ciudad y que no estaría dispuesta a sacar a sus hijos de su entorno.

Lo que sí le gustaría es que más personas de la zona supieran lo que tienen cerca. Sabe que todavía está la idea que para encontrar determinadas marcas hay que viajar a Santiago o a otra ciudad. Y, al mismo tiempo, reconoce que el boca a boca ha sido fundamental para dar a conocer su negocio. Una novia llega porque otra le contó dónde encontró su vestido. Después aparece una amiga. Y luego otra.

Ahora está pensando en una nueva etapa. Trabaja en un proyecto relacionado con tecnología, reciclaje y reutilización de desechos que todavía no puede revelar, pero que podría crear un espacio que hoy no existe en Chile y generar empleo. No quiere adelantar demasiado, aunque sí admite que está entusiasmada.

Después de tantos años, todavía habla de su trabajo con una mezcla de entusiasmo y pragmatismo. Sabe lo que significa sostener una empresa, crecer, abrir tiendas y también cerrarlas cuando llega el momento. Pero conserva intacto el gusto por esa parte más íntima del oficio, cuando una mujer entra con una idea en la cabeza y sale con algo que no había imaginado.

“No sé hasta cuándo voy a tener cuerda para hacer esto, pero hasta el momento la sigo teniendo”. Por ahora, la cuerda alcanza. Y también la curiosidad por saber qué vestido hará que la próxima mujer se mire al espejo y se reconozca.

Direcciónes:
Av. Gabriela Mistral 1255, local 52, Los Ángeles
y
Camino El Venado 620, local 4b, Alto Cumbres de Andalué, San Pedro de la Paz.
Teléfono: +56 9 39320159
Instagram: @ellenavestidosnovia @ellenavestidosfiesta
www.ellenavestidos.cl