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EL ENOTURISMO AVANZA EN BIOBÍO
Contur, Corfo y UCSC articulan importantes capacidades

En julio de 2025 conversamos con Teresa Alarcón, presidenta de Contur Biobío, acerca del trabajo que venían desarrollando para impulsar el enoturismo en la región. Después de la separación de Ñuble, parte de la actividad vitivinícola quedó concentrada en dicha zona y para quienes permanecían en este territorio surgía una pregunta inevitable sobre cómo fortalecer esta actividad desde el turismo.

Por entonces se hablaba de identificar viñas, reconocer emprendimientos y comenzar a proyectar posibles rutas. Había interés, pero todavía faltaba mucho por ordenar y conectar.

Teresa cerraba aquella entrevista diciendo “Esto recién comienza”, una frase que ahora permite mirar cómo se ha avanzado. “Hoy podemos decir que el Biobío ya comenzó a construir su identidad como territorio enoturístico, pero todavía tenemos mucho camino por recorrer”, señala.

En estos dos años, el proceso ha ido tomando forma con la participación de Contur Biobío, Corfo y la UCSC. Cada uno, desde su ámbito, ha contribuido a una tarea que requiere conocer las necesidades de las empresas, generar condiciones para su desarrollo y acercar conocimiento y formación al sector. Es un trabajo conjunto que ha permitido abordar necesidades que difícilmente podrían resolverse desde un solo lugar.

Esa coordinación también permite entender por qué hoy la conversación es distinta a la de hace un año. James Argo, director regional de Corfo Biobío, destaca que “Actualmente tenemos una oferta mucho más articulada. Se han movilizado cerca de $400 millones de Corfo y $124 millones de privados, llegando a unas 80 empresas, entre ellas 12 viñas, y avanzando en rutas y experiencias que conectan vino, gastronomía, patrimonio y territorio”.

Desde la Universidad Católica de la Santísima Concepción, el Dr. Orlando Llanos, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, puntualiza que la participación de la UCSC se ha desarrollado a través de capacitación, asesoría, proyectos, investigación y actividades con estudiantes, apoyando a viñas y a empresas vinculadas al turismo del vino.

El trabajo de la universidad se viene desarrollando progresivamente desde 2020, a partir de su vinculación con gremios como Contur, y se ha extendido hacia distintos actores de esta actividad. Llanos explica que ese acompañamiento ha permitido abordar materias que van desde gestión y marketing hasta posicionamiento, financiamiento y aspectos tributarios y contables.

Uno de los elementos que distingue este proceso es la incorporación de estudiantes a problemas concretos de las empresas. A través de iniciativas como el curso Desafío Empresarial, los alumnos pueden trabajar sobre necesidades reales mientras las empresas reciben apoyo para enfrentarlas. Para la Facultad, además, ese contacto directo permite recoger información del sector y trasladarla nuevamente a la formación universitaria.

Los resultados también han tenido un alcance internacional. Alarcón destaca como uno de los hitos del período el reconocimiento recibido por el Valle del Biobío durante la Cumbre Mundial de Enoturismo de la Global Wine Tourism Organization, (GWTO), realizada en 2026, en Alentejo, Portugal. La instancia reunió a representantes de diversos destinos vinculados al turismo del vino y permitió conocer experiencias que pueden servir de referencia para el desarrollo regional.

A esto se sumó la medalla otorgada al Valle del Biobío por su trabajo de integración de la cadena de valor y el apoyo del sector público al privado. Para Teresa, el reconocimiento representa una validación de una forma de trabajar que busca reunir a distintos actores alrededor de una actividad que tiene todo el potencial para crecer.

La distinción llegó después de una gira técnica por España y Portugal, en la que representantes de Contur y empresas vinculadas al turismo regional conocieron viñas, bodegas y otras iniciativas relacionadas con esta actividad.

Entre los aprendizajes que Teresa rescata de ese viaje tiene que ver con la dimensión económica que puede alcanzar el turismo asociado al vino. “En las viñas que visitamos, el enoturismo representaba entre un 25% y un 60% de sus ingresos”, cuenta.

La cifra le permitió observar una realidad distinta a la que todavía predomina en muchas empresas del Biobío. El turismo puede transformarse en una fuente de ingresos relevante y complementar la producción vitivinícola con otras actividades. “El visitante no viene solamente a beber o comprar vino. Viene a conocer un territorio y vivir una experiencia”, explica.

La idea coincide con la mirada de Corfo. Para James Argo, las viñas, su historia, sus paisajes y su patrimonio representan una oportunidad para generar actividad económica y diversificar los ingresos de las zonas rurales.

Los beneficios no impactan solamente a los productores sino también a las personas que llegan a conocer una viña, quienes pueden alojar, comer, contratar servicios o comprar productos elaborados en la zona.

Uniendo capacidades

Para que esa mirada se traduzca en algo concreto, ha sido necesario acercar a personas e instituciones que cumplen funciones diferentes.

Para Orlando Llanos, esa relación resulta fundamental porque permite que cada parte aporte desde su propia experiencia. Las empresas pueden acceder a herramientas para enfrentar dificultades concretas y la universidad recibe información que ayuda a orientar sus procesos formativos.

El vínculo se extiende a los estudiantes de la UCSC que participan en estas iniciativas y se encuentran con situaciones que forman parte de la realidad de las pequeñas empresas y pueden aplicar sus conocimientos antes de terminar su formación.

Este tipo de coordinación permite abordar brechas que una empresa por sí sola difícilmente podría resolver, señala James Argo. Viñas, emprendedores, municipios, universidades y organismos públicos contribuyen en torno a un objetivo común.

La experiencia también ha permitido observar dónde están las principales dificultades. Desde la UCSC señalan que un importante número de empresas vinculadas a esta actividad son micro y pequeñas y que todavía requieren acompañamiento.

Para Corfo, uno de los desafíos centrales está ahora en la comercialización y en conseguir que una oferta que ya comienza a tomar forma tenga mayor visibilidad fuera de la región.

“Tenemos los productos y las historias; ahora debemos lograr que más personas los conozcan, los elijan y los recorran”, plantea Argo.

Teresa Alarcón también identifica tareas pendientes relacionadas con la gestión, la comercialización, la adaptación frente al cambio climático y la calidad de las experiencias. El desafío es conseguir que aquello que hoy existe pueda transformarse en propuestas reconocibles para quienes buscan este tipo de turismo.

En ese escenario aparece el Programa Territorial Integrado (PTI) de Enoturismo del Biobío, como la siguiente etapa. La expectativa es que permita dar continuidad a lo realizado durante estos dos años y avanzar hacia una propuesta más sólida, con empresas mejor preparadas y mayores posibilidades de comercialización.

Para Corfo, el PTI debe ayudar a pasar de iniciativas individuales a una oferta territorial consolidada, fortaleciendo la comercialización, la calidad, la asociatividad y el relato del destino.

En tanto, Llanos destaca que la continuidad resulta igualmente relevante para seguir fortaleciendo las capacidades de las empresas y mantener una relación permanente entre la formación universitaria y las necesidades que surgen en el territorio.

Hace poco más de un año, Teresa declaraba que todo recién comenzaba. Hoy, ya hay resultados que permiten mirar ese punto de partida con otra perspectiva. “Tenemos empresas impactadas, bodegas fortalecidas, rutas que se están configurando, empresarios que han podido conocer experiencias internacionales y, sobre todo, un reconocimiento internacional que valida el camino que estamos recorriendo”.