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VÍA DEPORTIVA

Magdalena Albornoz
UNA TENISTA ANGELINA ENTRE LAS MEJORES DE CHILE

La destacada deportista ocupa el octavo lugar del ranking nacional Sub 14 y se prepara para disputar el Campeonato Nacional. Detrás de ese logro hay innumerables viajes, disciplina y una decisión que terminó involucrando a toda su familia.

El sábado por la tarde, Magdalena Albornoz alcanzó a disfrutar unas horas de sus vacaciones junto a su papá. Fueron al cine y, al regresar a casa, el panorama cambió por completo. Había que dejar listo el bolso porque a la mañana siguiente partiría rumbo a Viña del Mar para continuar con sus entrenamientos, ya que en pocos días más disputará un torneo G1 en La Serena –el de mayor nivel dentro del circuito juvenil–, el último antes del Campeonato Nacional, donde llegará entre las ocho mejores tenistas del país en la categoría Sub 14.

Las raquetas y los viajes, son una constante en la vida de esta joven deportista. Competir desde Los Ángeles implica recorrer cientos de kilómetros durante gran parte del año y aprender, desde muy pequeña, que los fines de semana muchas veces transcurren lejos de casa; una rutina que para su familia ya es habitual.

Curiosamente, fue Gonzalo, su padre, quien primero intentó convencerla de seguir otro camino. Había practicado tenis durante años y conocía de cerca las exigencias del deporte, especialmente para quienes buscan desarrollarse desde regiones. Por eso, cuando la niña comenzó a mostrar interés por la disciplina, la motivó a probar otras alternativas, como el karate, el ballet y el fútbol, pero ninguna consiguió despertar el entusiasmo que encontraba cada vez que tomaba una raqueta.

Finalmente cuando Magdalena tenía cerca de diez años, su papá aceptó inscribirla en un club de tenis donde entrenaba tres veces por semana. A poco andar comenzaron a aparecer señales de su talento. En su primer año como jugadora federada clasificó a los campeonatos nacionales de la temporada y empezó a competir de igual a igual con niñas que llevaban mucho más tiempo en las canchas. Después llegaron los títulos en torneos G3 y G2 –categorías de entrada y nivel medio en el circuito juvenil–, las buenas actuaciones en competencias G1 y su posición en el ranking que hoy le asegura un cupo directo para disputar el Nacional.

Ese crecimiento también ha estado acompañado por un equipo. Durante el invierno entrena en el Club Español de Reñaca, bajo la dirección del profesor Felipe Guerrero; el resto del año su preparación la realiza en su ciudad, en el Club de Golf Siete Ríos de Los Ángeles, donde el apoyo de la rama de tenis ha permitido fortalecer un proyecto con enfoque competitivo. A esto se suma el respaldo de la marca de equipamiento deportivo Babolat, su único auspiciador hasta ahora.

CUANDO EL TENIS DEJÓ DE SER UN PASATIEMPO

Una conversación que marcó un antes y un después ocurrió durante el regreso de un torneo en Osorno, donde Magdalena acababa de perder un partido y comentaba, entre lágrimas, que el resultado habría sido distinto si hubiese descansado mejor la noche anterior, cuando la familia había aprovechado el viaje para recorrer la ciudad. Mientras hacían una pausa en una estación de servicio, Gonzalo le preguntó si el tenis seguiría siendo un hobby o si realmente quería transformarlo en su camino.

La respuesta no dejó espacio para las dudas, Magdalena les dijo que quería ser tenista profesional y soñaba con estudiar algún día en el extranjero gracias al deporte. “Desde ese momento cambiamos el chip como familia y comenzamos a apoyarla a full”, recuerda su padre.

Ese cambio modificó la cantidad de entrenamientos y también la dinámica familiar. Los torneos comenzaron a definir los fines de semana, las vacaciones pasaron a planificarse de acuerdo con el calendario deportivo y los traslados se hicieron cada vez más frecuentes. Su abuelo, Dámaso, a quien ella llama cariñosamente “su partner” se convirtió en uno de sus principales compañeros en las competencias fuera de la ciudad; mientras que su hermana mayor muchas veces cambia sus propias actividades, para estar presente en sus torneos.

La vida de Magdalena es intensa. Se levanta a las seis y media de la mañana para ir al colegio y, al terminar las clases, dedica gran parte de la tarde al tenis y a la preparación física. Al regresar a casa, ya de noche, retoma las tareas escolares, al respecto su papá comenta que “también nos da alegrías siendo responsable con sus estudios”.

Cuando un partido se complica, tiene un pequeño ritual que la ayuda a volver a concentrarse durante los cambios de lado, “leo el papel que me hizo hacer mi psicólogo deportivo, me tomo un respiro y parto de cero”, cuenta.

Fuera de la cancha es, según ella misma se describe, bastante extrovertida, le gusta compartir con sus amistades, ir al cine, salir al campo y andar en moto. “Lo que más disfruto de los viajes son mis partidos y ver a mis amigas, pero lo que más extraño cuando estoy fuera de Los Ángeles es estar alejada de mi familia”, reconoce y agrega que representar a su ciudad, la llena de orgullo.

Dentro de unos días el bolso volverá a estar listo sobre la cama y las raquetas en su funda. Es el ritual que ya conoce toda la familia y que, paso a paso, ha llevado a Magdalena hasta el lugar donde está hoy. “Quiero llegar al número uno del ranking, jugar un torneo Cosat e ir a entrenar a Argentina”, dice, con la misma convicción de esa tarde en la estación de servicio, cuando decidió que el tenis dejaría de ser un pasatiempo.