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Vía Explora

PARQUE NACIONAL HUERQUEHUE
Un paisaje inolvidable en el sur de Chile

Texto y fotografías: Bastián Vejar M. @basvejar

Cuando recorro Chile, no puedo dejar de pensar en lo hermoso que es el país donde vivo. Uno de esos lugares que puedo definir dentro de mis favoritos, y que siempre recomiendo cuando me preguntan, es el Parque Nacional Huerquehue.

Lo conocí por primera vez en agosto del 2017, y me marcó al instante. Había nevado la noche anterior, pero me tocó un día despejado. Todo estaba blanco, matizado con el verde de la vegetación y con un cielo celeste increíble. Me costaba creer que fuera real. Entre las lagunas congeladas, las montañas de fondo y las araucarias, había una mezcla de colores y texturas impactante.

He vuelto dos veces más, en distintas épocas del año, para llevar a amistades que han venido desde el extranjero, y cada experiencia ha sido igual de impresionante. En junio todo se siente más húmedo, más verde, más cargado. En septiembre aparece un poco más de calor, pero con las montañas todavía nevadas, lo que genera un contraste precioso que, para mí, es difícil de superar.

Siempre he partido desde Pucón, que es la base más común para llegar al parque. Desde ahí, el trayecto es bastante simple; se toma el camino hacia Caburgua, y luego se sigue la señalética hacia Huerquehue. El último tramo es de ripio, pero en general está en buen estado y es accesible para la mayoría de los autos. Desde Pucón son alrededor de 45 minutos a una hora. Si vas desde Los Ángeles, el viaje completo toma entre cuatro y cinco horas, primero llegando a Pucón y luego haciendo ese mismo tramo final. Algo que sí o sí recomendaría es salir temprano, porque eso cambia completamente la experiencia y te permite recorrer con más calma.

El acceso es el típico de un parque nacional, con registro e indicaciones, pero apenas entras ya se siente algo distinto. Hay una calma inmediata, una sensación de desconexión y de sentir el aire puro en la piel, en los pulmones. Es de esos lugares donde sabes, desde el inicio, que el día va a ser especial.

Para una primera visita recomendaría recorrer el Sendero Los Lagos, que es el más clásico y el que la mayoría hace en el día. Atraviesa las lagunas Chico, Toro y Verde, además de varios miradores. Dependiendo del ritmo, puede tomar entre cinco y siete horas ida y vuelta. Tiene una dificultad media, con algunas subidas, pero es totalmente abordable si estás acostumbrado a caminar.

En invierno las lagunas están congeladas, las araucarias y montañas cubiertas por nieve, hacen que todo parezca una postal constante. Por eso es clave tomarse el tiempo para detenerse y contemplar.

Uno de los momentos más significativos que he tenido ahí fue estar sentado en un tronco al borde de una laguna, mirando el hielo en la orilla que parecía cristal, con el agua completamente quieta y las montañas nevadas detrás. Era una escena que perfectamente podría haber sido parte de una película.

También hay cosas más sutiles que se quedan muy marcadas, como el sonido de los pájaros durante todo el camino, el crujido de la nieve al caminar, la nieve cayendo suavemente desde los árboles y ese olor húmedo a vegetación, con helechos grandes por todos lados.

Para ir, lo más importante es vestirse por capas, llevar zapatillas cómodas, agua –idealmente con electrolitos– y colaciones que realmente te den energía. No es necesario tener equipamiento extremo, y eso también es importante decirlo, ya que muchas veces la gente se limita pensando que necesita algo demasiado técnico, cuando en realidad con ropa cómoda y sentido común es suficiente.

Entre las cosas que no te pueden pasar, está llegar tarde, no revisar el clima o subestimar el tiempo del trekking. También es importante ir en buenas condiciones físicas, porque aunque no es extremo, sí requiere varias horas caminando.

En mi caso, uno de los desafíos más recurrentes ha sido la nieve, porque mientras más avanzas, más resbaloso se vuelve el camino, y es fácil caerse o deslizarse.

Emocionalmente, es un parque con el que conecto mucho, un lugar al que volvería mil veces, que siempre voy a recomendar y que me encanta compartir con otros, es una experiencia que se queda contigo.Si tuviera que elegir una época, diría que entre agosto y octubre es ideal. Ahí tienes lo mejor del paisaje, que es nieve en las montañas, pero también días despejados y más luz. Ese contraste lo hace especialmente atractivo.

Aunque he ido varias veces, sigue sorprendiéndome, creo que ya le tengo cariño. Visitar la región de la Araucanía y no conocer Huerquehue es perderse una experiencia maravillosa e inolvidable. Próximamente se vienen las vacaciones de invierno, quizás podría ser una buena ocasión para que lo agregues a tus lugares por descubrir.