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Recorriendo Nuestra Historia

Relato de John F. Coffin, un extranjero detenido en guerra
LOS ÁNGELES EN 1818

Por Luis Garretón Munita

En diciembre de 1818, en plena tensión entre realistas y patriotas, arriba a Talcahuano el joven comerciante norteamericano, John F. Coffin, quien había llegado a Chile un año antes, transportando armas para los patriotas. El destino, sin embargo, lo dejó atrapado en dicho puerto que era territorio realista; siendo capturado por la guerrilla y confiscado su cargamento. Esta experiencia la dejó plasmada en su libro publicado bajo el título “Diario de un joven norteamericano detenido en Chile durante el período revolucionario de 1817-1819”.

Durante los meses que Coffin permanece en el puerto, esperando que las autoridades de Lima le den alguna solución, fue testigo de importantes acontecimientos históricos, como La defensa de Talcahuano, la vergonzosa huída del General Osorio al Perú, y la toma de la fragata “María Isabel” por el Almirante Blanco Encalada. Sin embargo, cuando se supo que el ejército patriota se encontraba en Chillán con dirección a Concepción, las tropas realistas comenzaron a trasladarse a Los Ángeles (otras a Santa Juana), donde se habían acantonado las fuerzas del rey, junto a ellos, miles de refugiados que habían despoblado Concepción, entre ellos Coffin.

En efecto, Coffin llegó a Los Ángeles con los realistas en calidad de detenido. Por esos días el pueblo vivía una situación inédita, que duplicaba su población a más del doble. Familias completas habían llegado buscando protección ante el avance patriota. Los Ángeles se volvió un espacio saturado de refugiados, militares, religiosos, comerciantes e indígenas. Detalla que encontró un pueblo activo y dinámico, lleno de gente, que funcionaba como un verdadero centro fronterizo de fusión social entre el mundo hispano y el indígena, donde uniformes militares, trajes más o menos elegantes, campesinos y ponchos mapuche compartían el mismo espacio.

En lo urbano, Coffin relata que el trazado de las calles era ancho y ordenado. Las casas eran tipo quinta con grandes jardines y árboles frutales. En la plaza destacaba el fuerte de piedra con un foso, y una iglesia muy sencilla y poco ornamentada. Las casas de adobe eran simples y multifuncionales, una única habitación podía servir de dormitorio, sala, bodega y hasta comercio. Sin vidrios en las ventanas y con escasa ventilación. Sin embargo, en medio de estas limitaciones, el norteamericano destaca la hospitalidad de los angelinos, quienes acogían a viajeros incluso en condiciones difíciles como la de él, que no contaba con nada.

La vida social, en tanto, era alegre y se desarrollaba en corredores y patios, bajo los árboles, con guitarra y mate. Aunque de todas maneras, Coffin observó que las viviendas de gruesos muros y escasas aberturas, podían transformarse fácilmente en espacios defensivos. Bastaba cerrar puertas y reforzar accesos para convertirlas en pequeñas fortalezas. No había que olvidar que era una villa fronteriza.

John F. Coffin permaneció en Los Ángeles 42 días, dejó un detallado testimonio social de su paso, en un momento de aparente prosperidad de Los Ángeles, que contrastará fuertemente con el desastre que se vendría al año siguiente, en 1820, en el contexto de la Guerra a Muerte, un pueblo que sería saqueado ferozmente, incendiado y despoblado por siete años.