PANTONE Y EL TONO QUE MARCARÁ EL 2026

En la moda, el diseño, la arquitectura o incluso en los mensajes que consumimos a diario, los colores no aparecen por azar; cada tono suele ser reflejo de una época, un estado de ánimo colectivo, una forma de mirar el mundo. Y en ese lenguaje, “Pantone” es un nombre que se repite desde hace décadas.
Pantone es la empresa que logró ordenar el color y convertirlo en un idioma universal. A través de su sistema de identificación cromática, un mismo tono puede reproducirse con exactitud en cualquier parte del mundo, ya sea en un objeto, un espacio, una prenda o una pieza gráfica. Desde el año 2000, Pantone elige su Color del Año, una decisión que responde además de lo estético, a un análisis cultural, social y emocional de lo que ocurre a nivel global.
El color para Pantone es un reflejo del ánimo colectivo. Habla de nuestras búsquedas, de nuestras preocupaciones y también de aquello que, consciente o inconscientemente, estamos necesitando. Y en ese contexto, el Color del Año 2026 es Cloud Dancer.

Se trata de un blanco suave, delicado y etéreo, muy distante del blanco frío o clínico. Cloud Dancer transmite calma, ligereza y una sensación de serenidad. Según Pantone, es un tono que invita a hacer una pausa, a bajar el ritmo y a reconectar con lo esencial, en medio de la vorágine actual, la sobreinformación y la saturación visual.

Que Pantone haya elegido un blanco como protagonista habla de una tendencia que busca menos estridencia, más intención; menos exceso, más claridad. Cloud Dancer funciona como un punto de partida, un lienzo abierto que permite reinterpretar espacios, objetos, estilos y formas de habitar lo cotidiano.
Más que imponer una tendencia, el color del 2026 propone una actitud. No busca destacar, sino acompañar. No pretende llamar la atención, sino generar bienestar. En ese sentido, la elección de Pantone dialoga con una necesidad cada vez más presente que es volver a lo simple, a lo auténtico, a aquello que aporta equilibrio.
Es que el verdadero lujo puede estar en la calma. Y el color, una vez más, se convierte en una forma de interpretar el momento que vivimos.
